La muerte de Rocío Chica Martínez, una mujer de 48 años que ingresó caminando al Hospital de San Zenón, Magdalena, terminó convertida en un caso que hoy su familia califica como una posible cadena de presuntas negligencias médicas, fallas institucionales y graves irregularidades en la atención de urgencias.
Según los testimonios de sus hijos, la mujer ingresó consciente, conversando y aparentemente estable, pero en cuestión de minutos su estado se habría deteriorado de forma crítica tras recibir atención médica dentro de la ESE Hospital de San Zenón.
La familia sostiene que, durante la atención inicial, a la paciente se le habría administrado un medicamento intravenoso sin la debida vigilancia clínica, situación que presuntamente desencadenó una reacción adversa severa que terminó en su colapso dentro del centro asistencial.
“Entró caminando y minutos después estaba luchando por su vida”, relatan sus allegados, quienes aseguran que dentro del hospital hubo confusión, falta de respuestas claras y ausencia de una reacción oportuna del personal médico ante la emergencia.
A esto se suma otra denuncia grave: la presunta falta de una ambulancia operativa en el hospital en el momento crítico, lo que habría obligado a trasladar a la paciente en un vehículo particular, en condiciones que la familia califica como improvisadas y precarias.
Durante el traslado hacia Mompox, Bolívar, los familiares afirman que la situación se agravó aún más, al punto de que la paciente habría llegado sin signos vitales al centro asistencial de destino.
Otro de los puntos más delicados del caso es la presunta negativa o demora en la entrega de la historia clínica, lo que la familia interpreta como un posible intento de dilatar o dificultar el acceso a información clave para esclarecer lo ocurrido.
También denuncian que el hospital arrastra problemas estructurales que, según ellos, no serían nuevos: falta de insumos, fallas en la atención de urgencias y deficiencias en la gestión de recursos.
Para los familiares, lo ocurrido con Rocío Chica no sería un hecho aislado, sino el reflejo de un sistema de salud debilitado dentro de la institución, donde —afirman— la capacidad de respuesta ante una emergencia habría sido insuficiente.
Ante este panorama, exigen una investigación exhaustiva de la Secretaría de Salud del Magdalena y de los entes de control, para establecer si existió una presunta responsabilidad médica e institucional en la muerte de la paciente.
Por ahora, la ESE Hospital de San Zenón no ha entregado una versión oficial sobre las graves denuncias.