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Desde el primer día de la emergencia provocada por más de 36 horas continuas de lluvias —entre el 1, 2 y la madrugada del 3 de febrero— la administración distrital mantiene presencia activa en la zona rural afectada, garantizando acompañamiento y entrega constante de ayudas a las familias damnificadas.


 

El frente frío golpeó con especial fuerza al corregimiento de Guachaca, en la vereda Mendihuaca, Altos de Mendihuaca y el sector de San Tropel, donde varias viviendas quedaron sepultadas bajo arena y lodo. En algunos casos, como el de Yulisa Coronado, lo único visible hoy es el techo de lo que fue su hogar.


 

“El agua empezó a subir sin pedir permiso. Primero fue un murmullo, luego un golpe seco contra las paredes y, en cuestión de minutos, el miedo tocó la puerta”, relata una de las afectadas, describiendo la magnitud de lo ocurrido.


 

Yulisa recuerda que todo pasó en cuestión de minutos. “Cuando mi suegra me dice: ‘No, súbanse al cerro’, yo me subí con mis dos niños. Duramos hasta las 2:00 de la mañana cuando la misma comunidad nos fue a rescatar”. Esa madrugada no hubo tiempo de salvar pertenencias. “Nos quedamos sin nada, nada más con lo que teníamos puesto. Pero estamos bien, estamos vivos, que es lo importante”, afirma.


 

Lo que pudo convertirse en una tragedia mayor se evitó gracias a una decisión tomada a tiempo. “Si nos hubiésemos acostado a dormir, nos coge eso durmiendo”, reflexiona. Esa noche era su cumpleaños. No hubo celebración, pero sí una segunda oportunidad.


 

Ante la magnitud de la emergencia, la Alcaldía Distrital activó la respuesta humanitaria a través de la Alta Consejería para la Sierra Nevada y Zona Rural, desplegando un acompañamiento permanente en territorio.


 

“Estamos aquí desde el día 1 y todavía nos encontramos acá. Y no nos vamos a ir porque las directrices del alcalde Carlos Pinedo han sido claras: permanecer hasta que todo vuelva a su completa normalidad”, aseguró la alta consejera Sarita Vives.


 

Las ayudas enviadas incluyen mercados, colchones, colchonetas, ropa, herramientas e insumos para la recuperación progresiva de las viviendas. Además, en la zona más afectada se habilitó un albergue provisional como punto de acopio y distribución, priorizando a las familias que lo perdieron todo.


 

La presencia institucional ha sido constante. “Nos han traído colchones, ropita, hace poquito nos entregaron cemento”, confirma Yulisa. Sin embargo, las necesidades persisten, especialmente en hogares con niños pequeños, donde se requieren pañales, pañitos húmedos y artículos de aseo.


 

Más allá de la asistencia material, las comunidades destacan el acompañamiento continuo. La institucionalidad permanece coordinando entregas, caracterizando a las familias afectadas y gestionando soluciones que permitan avanzar hacia la recuperación.


 

Porque cuando el agua baja, comienza el reto de reconstruir. Y reconstruir no es solo levantar paredes, sino devolver tranquilidad.


 

Hoy, en Mendihuaca, la arena cubre lo que fueron hogares. Pero también evidencia la fortaleza de una comunidad que se salvó mutuamente y que, con el respaldo permanente de la Alcaldía Distrital, trabaja para volver a empezar.