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“Mi hija me abandonó y no quiero seguir viviendo”: mujer que resultó quemada con ácido solicitó eutanasia

“Mi hija me abandonó y no quiero seguir viviendo”: mujer que resultó quemada con ácido solicitó eutanasia

María Consuelo Córdoba, de 58 años, carga desde hace 26 años con una historia que le cambió la vida para siempre. Nunca ha podido volver a ser feliz. Las graves afectaciones que sufrió en su rostro, luego de que su propio esposo le lanzara ácido, la han obligado a atravesar una interminable batalla médica, económica y emocional que hoy la llevó a pedir la eutanasia.


 

Su historia comenzó en el año 2000, cuando salió de Istmina, Chocó, junto a su esposo, con la esperanza de encontrar en Bogotá mejores oportunidades para salir adelante. Sin embargo, lo que parecía ser el comienzo de una nueva vida terminó convirtiéndose en una tragedia. Según su relato, su pareja insistió en que regresaran al municipio y, ante su negativa, tomó una botella de aguardiente que contenía ácido y se lo lanzó directamente al rostro.


 

En medio del desconcierto, María Consuelo no sabía inicialmente qué sustancia había caído sobre su piel. Solo sintió un fuerte ardor y desesperada corrió a echarse agua para intentar calmar el dolor. Desde aquel momento comenzó un calvario que se ha extendido durante más de dos décadas.


 

La mujer ha tenido que someterse a 87 intervenciones quirúrgicas y permaneció hospitalizada durante varios años debido a la gravedad de las lesiones. A pesar de los procedimientos, todavía requiere nuevas intervenciones para intentar reconstruir parte de su rostro y atender las secuelas que le dejó el ataque.


 

Pero a las heridas físicas se sumó una realidad económica cada vez más difícil. Actualmente vive en una habitación alquilada en Puente Aranda, por la que paga alrededor de 500.000 pesos mensuales, y debe salir a las calles y a los buses de TransMilenio a pedir dinero para poder cubrir sus necesidades básicas y desplazarse a sus controles médicos.


 

María Consuelo asegura además que se encuentra completamente sola. Afirma que su hija la abandonó y que no cuenta con una red familiar que pueda acompañarla en medio de las dificultades que enfrenta. Después de 26 años de tratamientos, cirugías, dolor y precariedad, dice sentirse agotada y asegura que ya no quiere continuar viviendo en esas condiciones.


 

Por eso, hoy su petición es contundente: quiere acceder a la eutanasia. Su caso vuelve a poner sobre la mesa la difícil realidad de las víctimas de ataques con ácido en Colombia, muchas de quienes no solo deben enfrentar las consecuencias físicas de una agresión, sino también años de tratamientos, dificultades económicas y profundas afectaciones emocionales.


 

María Consuelo no pide únicamente dejar de sentir dolor. También reclama una vida digna después de más de dos décadas marcadas por una tragedia que, según su relato, comenzó a manos de la persona que debía protegerla.