El precandidato presidencial y exministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, ha encendido la polémica nacional tras revelar, en un noticiero de alcance nacional, lo que sería uno de los ejes centrales de su aspiración a la Casa de Nariño: bombas y plomo para las guerrillas si no aceptan un cese al fuego inmediato.
Sin rodeos ni matices, Pinzón lanzó una advertencia que retumba con fuerza en el escenario político y social del país. Aseguró que, si las FARC y el ELN no llegan a una concertación que implique el fin de los ataques contra la población y la infraestructura nacional, su respuesta como eventual jefe de Estado será una ofensiva militar sin contemplaciones. “Les va a llover bomba y plomo”, habría sentenciado, en una frase que ya genera reacciones encontradas.
El anuncio no pasó desapercibido. Para algunos sectores, el exministro retoma un discurso de mano dura extrema, evocando los años más crudos del conflicto armado, mientras otros interpretan sus palabras como una señal de autoridad frente a los grupos armados ilegales. Sin embargo, lo cierto es que Pinzón pone sobre la mesa una visión de país en la que la guerra vuelve a ocupar el centro del debate, desplazando cualquier intento de salida política o negociación.
Con este mensaje, Juan Carlos Pinzón no solo se desmarca de los actuales esfuerzos de paz, sino que apuesta por un lenguaje bélico que sacude a la opinión pública y deja claro que, de llegar a la Presidencia, Colombia podría entrar nuevamente en una etapa de confrontación abierta. La pregunta queda en el aire: ¿es esta la salida que necesita el país o un peligroso regreso al pasado?