La tensión y la incertidumbre se acrecentaron entre la tarde y noche de este jueves en la Gobernación del Magdalena, luego de conocerse la salida de tres funcionarios que supuestamente eran la niña de los ojos de Carlos Caicedo.
Una de las primeras en ser ‘descabezada’ fue Adriana Trujillo, quien se desempeñaba como agente liquidadora del movimiento Fuerza Ciudadana y que en su momento protagonizó fuertes controversias internas, incluyendo roces con la representante a la Cámara Ingrid Aguirre.
Pero más allá de una simple reestructuración administrativa, lo que se empieza a evidenciar en los pasillos del Palacio Tayrona es una purga política con sello propio. Las salidas no parecen casuales ni obedecen únicamente a ajustes técnicos, sino a un reacomodo de poder que deja mal parados a quienes, hasta hace poco, se creían intocables bajo la sombra del caicedismo.
La caída de Fabián Bolaño Gutiérrez, salpicado por graves señalamientos, y la salida de Diana Celedón Sánchez, vinculada a escándalos que rozan la irresponsabilidad en plena pandemia, no solo levantan sospechas sobre los criterios con los que fueron sostenidos en sus cargos, sino que también exponen el nivel de desgaste y descrédito que arrastra la administración departamental.
A esto se suma un sistema de salud en crisis, denuncias de manipulación política en hospitales y una infraestructura que sigue siendo motivo de vergüenza para el Magdalena.
Todo esto mientras, durante años, se consolidaba un círculo de poder que hoy empieza a resquebrajarse sin contemplaciones.
Las decisiones de Margarita Guerra parecen marcar una ruptura directa con las viejas lealtades y una advertencia clara: aquí ya no hay vacas sagradas. La pregunta que empieza a rondar es si estos movimientos responden a una verdadera intención de limpiar la casa o si simplemente se trata de un nuevo reparto de cuotas bajo otra figura de mando.
¿Será este el inicio de los cambios estrambóticos que se vienen en el Palacio Tayrona? No teniendo ya el mando que solía tener Carlos Caicedo en la administración departamental, ¿está Margarita Guerra tomando decisiones que la acreditan como la máxima autoridad de la administración departamental?