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Caicedo con la soga al cuello: más denuncias que lo ponen en tela de juicio por acosador sexual

Caicedo con la soga al cuello: más denuncias que lo ponen en tela de juicio por acosador sexual

Las denuncias contra el exgobernador Carlos Caicedo siguen creciendo como una bola de nieve que amenaza con sepultar su discurso público. Un nuevo y estremecedor testimonio revelado por La FM se suma a las cuatro víctimas que ya han denunciado un presunto patrón de acoso sexual sistemático dentro de Fuerza Ciudadana, señalando directamente al dirigente como protagonista de una conducta reiterada, abusiva y amparada en el poder político. La narración de la víctima no solo es perturbadora por su contenido, sino por la naturalidad con la que describe un ambiente laboral donde el miedo, la intimidación y el silencio parecían ser la norma.


 

La mujer, quien trabajó en protocolo en el despacho de Caicedo, relata cómo, desde los primeros días, el entonces funcionario habría traspasado cualquier límite ético y profesional, pidiéndole de manera directa que se acostara con él. Ante su negativa, la reacción —según afirma— fue “atemorizante”, generándole una sensación de impotencia y subordinación frente a una figura de poder que antes admiraba. La víctima asegura que el acoso no fue un hecho aislado, sino una práctica repetitiva, sostenida en el tiempo y normalizada dentro de la estructura política, al punto de que incluso compañeros le recomendaron “no alarmarse”, minimizando la gravedad de los hechos.


 

Más grave aún resulta la afirmación de que los propios escoltas y conductores del exgobernador terminaron actuando como una suerte de “red de protección” para las mujeres de protocolo, interviniendo cuando notaban comportamientos inapropiados, especialmente en contextos donde Caicedo había ingerido alcohol. Según el testimonio, el acoso solo habría cesado cuando el exmandatario fijó su atención en otra trabajadora, lo que refuerza la tesis de un comportamiento reiterado, calculado y sostenido.


 

A esto se suman nuevos chats divulgados por La FM, en los que otra presunta víctima expone mensajes de tono sexual y sugerente por parte de Caicedo, ante los cuales ella expresa incomodidad y rechazo. Frases como “Me gustas. ¿Podemos?” y respuestas defensivas del exgobernador, incluyendo mensajes borrados y comentarios de tono victimista, agravan el panorama y alimentan las sospechas sobre una conducta impropia y persistente.


 

El escándalo se amplía con la denuncia de la congresista Ingrid Aguirre, quien aseguró haber sido sometida a un polígrafo para “probar su lealtad” dentro de Fuerza Ciudadana, calificándose como una víctima política del movimiento. Mientras las denuncias se acumulan, Caicedo insiste en desestimar los señalamientos, calificándolos como ataques políticos y confiando en que la justicia lo exonerará, como —según él— ha ocurrido en procesos anteriores.


 

Sin embargo, el cúmulo de testimonios, chats, denuncias formales y relatos coincidentes empieza a dibujar un panorama cada vez más difícil de ignorar: uno donde el poder, la intimidación y el silencio habrían sido utilizados como herramientas para someter, callar y vulnerar a mujeres dentro de su órbita política. La soga, al parecer, sigue apretándose.