La Contraloría volvió a destapar lo que parece ser el sello de la casa en la UNGRD: proyectos millonarios que se pagan completos, pero no sirven para nada . Esta vez, el golpe fue en Mocoa, donde más de $185.000 millones destinados a mitigar riesgos se perdieron entre atrasos interminables, fallas técnicas y obras que hoy no funcionan ni para frenar una gotera .
El organismo de control detectó hallazgos fiscales por $125.710 millones , confirmando que mientras la comunidad sigue viviendo con el miedo de otra tragedia como la de 2017, las obras —que debían protegerlos— quedaron en un limbo entre improvisación y desorden.
La reconstrucción de Mocoa, que debería ser un símbolo de compromiso estatal, terminó convertida en otro monumento al fracaso institucional : intervenciones hechas por pedazos, diseños modificados sin razón, estructuras mal ejecutadas y autoridades que, pese a haber recibido toda la plata, no entregaron soluciones reales.
El resultado es simple y doloroso: la plata se fue, las obras no sirven, y el riesgo sigue igual o peor . Una radiografía más de cómo en Colombia a veces se reconstruye más rápido la desconfianza que las ciudades.